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La carboxiterapia corporal es una técnica empleada para combatir celulitis, flacidez y grasa localizada,entre otras.

Es un método mínimamente invasivo que consiste en la aplicación de gas dióxido de carbono (CO2) por vía subcutánea mediante pequeñas infiltraciones en los tejidos afectados.

La carboxiterapia tiene infinitas aplicaciones para mejorar la belleza y salud de nuestra piel. Por ello, en los últimos años, el sector de la estética ha incorporado este tratamiento en su oferta, obteniendo unos resultados de lo más satisfactorios.

Origen de la carboxiterapia

El origen de esta terapia se remonta a la Edad Media, época en la que el agua ácida y los “humos” salidos de la tierra (fumarolas de CO2) se reconocía que tenían fuertes poderes curativos y eran eficaces contra el ergotismo o “fuego de San Antonio” como comúnmente se la conocía, una enfermedad que se contraía por el consumo de cereales infectados por el cornezuelo de centeno.

Las propiedades anti-infecciosas del dióxido de carbono fueron descubiertas y estudiadas por Boyle (1627-1691) y Lavoisier (1743-1794). La primera investigación médica del uso del CO2 fue llevada a cabo por Laloutte (1777) que puso de manifiesto que problemas crónicos de la piel se curaban con aplicaciones seriadas de CO2.

Las aplicaciones subcutáneas fueron realizadas por primera vez en 1932 en Francia, en la estación de Royat utilizando el gas natural de la estación termal para tratar problemas arteriales, venosos y las úlceras de piel.

Pero fue en 1995 cuando el término “Carboxytherapy” fue acuñado por Luigi Parassoni durante el XVI Encuentro Nacional de Medicina Estética, realizado en Roma por la sociedad italiana de Medicina Estética.

¿Cómo funciona?

La inyección de CO2, que es como se aplica la carboxiterapia corporal, produce en la circulación una mejora de intercambio gaseoso, reestableciendo la microcirculación, aumentando la cantidad y la velocidad de flujo sanguíneo y rompiendo el círculo vicioso que se produce.

Estas dosis de gas se administran al cuerpo en cantidades muy pequeñas con la función de estimularlo a crear nuevos vasos sanguíneos. Terminada la inyección, se efectúa un masaje. Este se encarga de acelerar la difusión del dióxido de carbono para que llegue a los glóbulos rojos, favoreciendo así la oxigenación del tejido.

Asimismo, a través de este método se estimula la regeneración de la células de la epidermis y se dilatan los vasos sanguíneos, beneficiando al mismo tiempo a la circulación sanguínea y a su oxigenación.

La mejora en el intercambio gaseoso permite que el CO2 sea utilizado para las reacciones metabólicas, entre las que se encuentra la combustión de las grasas y la disminución de volumen del tejido entre los adipocitos. Esto da como resultado una mejora en la calidad de la piel, una disminución de volumen de la zona y el alivio de los síntomas.

¿Qué aplicaciones tiene?

Las aplicaciones son muy diversas. Puede ser un tratamiento eficaz contra la celulitis y la piel de naranja. También podemos valernos de sus beneficios en tratamientos de acné, en los que se aprovechan las propiedades antisépticas del gas para combatir la infección, bajar la inflamación de la piel del rostro así como regenerar la piel dañada. 

Es una de las mejores técnicas de medicina estética, tanto facial como corporal, ya que consigue unos resultados espectaculares en belleza, reduciendo de forma segura y efectiva problemas como la celulitis, la piel de naranja, la grasa localizada, la retención de líquidos, las estrías, la flacidez, la falta de elasticidad y también ayuda el rejuvenecimiento. También se usa en la cara para la papada, cicatrices, ojeras, bolsas, arrugas y en los labios.

En conclusión, es una técnica casi natural y mínimamente invasiva, por lo que dependerá de lo que queramos combatir y de las características de cada paciente el tratamiento a realizar.

Os animamos a que consultéis nuestros tratamientos. En caso de tener alguna pregunta, no dudéis en escribirnos.

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